Elodie Marais
Elodie Marais llegó a Sète por las ostras, por una vieja amiga y con la firme intención de que no hubiera ningún muerto.La profesora jubilada apenas ha amarrado su barcaza en el puerto mediterráneo cuando la semana de fiestas de la ciudad la arrastra a su bullicioso mundo: justas náuticas en el Canal Royal, rivalidades más antiguas que los muros del puerto y una comunidad donde todo el mundo sabe quién es quién y tiene opiniones muy claras sobre los demás.Entonces, al amanecer, encuentran muerto en el puerto al juez principal de las justas.La policía sabe hacer su trabajo. Los sospechosos son evidentes. Un joven justador que le guardaba rencor. Un promotor al que había humillado en público. Un poeta cuya enemistad con el muerto, mantenida durante décadas, se ha convertido en parte del entretenimiento local. Elodie no tiene autoridad, ni placa, ni la menor intención de involucrarse.Pero fue profesora durante treinta años, y los profesores leen a la gente como otros leen la carta de un restaurante: con atención, con cierta desconfianza y fijándose en lo que falta.Cuando empieza a leer la obra del poeta, Elodie descubre que la rivalidad favorita de la ciudad quizá no sea lo que parece. Que treinta años de odio público podrían ser el disfraz más elaborado que Sète haya aplaudido jamás. Y que la verdad por la que murió Marcel Duval es mucho más humana -y mucho más devastadora- de lo que nadie en el muelle está dispuesto a escuchar.La tercera entrega de Misterios entre canales y croissants. Tielle, ostras, un gato imprescindible y un misterio que plantea si toda una ciudad puede interpretar mal una historia de amor durante toda una generación.Puede leerse de forma independiente.