Carola Romay
El vitral, en tanto obra artística integrada a la arquitectura moderna y contemporánea, nos plantea un conjunto de incertidumbres e interrogantes, debitarias en gran parte de nuestra óptica posilustrada, algo cargada de prejuicios. Surgen así ciertas preguntas: ¿cómo es posible conjugar su técnica extremadamente artesanal, de origen medieval, iconográficamente vinculada a la tradición cristiana, con las transformaciones de base industrial, afín a la estandarización constructiva y a la abstracción que introdujo la arquitectura, desde comienzos del siglo xx en adelante?, ¿de quémanera es posible aceptar la oscuridad que genera un dispositivo cargado de color como el vitral, cuando el paradigma moderno apela a un espacio iluminado, diáfano y homogéneo, producido por grandes superficies transparentes, capaces de relacionar el mundo exterior con el interior? En definitiva, ¿cómo explicar la sobrevivencia del vitral —en tanto añeja expresión artística—, dentro de una arquitectura alternativa, revolucionaria, identificada con un proceso de cambios profundos, tanto en las modalidades del construir como del habitar? 4